¿Cómo sentimos?
Cuando un mensaje se aproxima a la
superficie de nuestro cuerpo, se da a conocer pulsando algo así como un timbre,
que en la práctica es una terminación nerviosa especializada en esa información,
que transforma en impulso nervioso.
Hay muchos timbres receptores en todo el
cuerpo, listos para detectar señales tanto interiores como exteriores. Los
receptores son células o grupos de células sensibles a un cambio específico del
medio, capaces de producir una señal o impulso nervioso como respuesta a un
estímulo, que puede ser tactil, auditivo, visual, de temperatura, etc.
El
estímulo es conducido a la médula espinal o directamente al cerebro, donde se
genera la sensación –olor, sabor, sonido, temperatura, presión, imagen– en base
al análisis de la información recibida. Cuando es necesario, se produce una
respuesta, que puede ser el movimiento de la parte del cuerpo afectada –alejar
las manos de una fuente de calor excesivo– o la secreción de una glándula
–lágrimas, saliva–. Este proceso es tan rápido que pareciera que nuestras
reacciones son automáticas.
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